
Si, él era el amor de mi vida, lo sentí desde el primer momento en que lo ví, fue un cruce de miradas que marcó nuestras vidas para siempre, más allá de su cuerpo, era su espíritu el que me llamaba a ser de él, nuestras almas se cruzaron y se compenetraron desde el principio, solo faltaba que se diera el momento de amarnos, de entregarnos en cuerpo y alma, de pasar a ser solo uno, yo ser suya y él ser mío.
Entonces esa noche de abril, con un cielo hermoso que nos acompañaba, en ese momento, cuando estaba entre las cobijas de su lecho, que ahora pasaba a ser nuestro, comprendí lo tanto que lo amaba, lo tanto que esperaba este instante, donde pudiese sentir su piel rozando la mía y complementarnos eternamente, acariciar su rostro al amanecer, y besar sus labios hasta quedar sin respiración.
Aún recuerdo ese instante, donde su respiración inundaba mi ser, el sudor, el calor, la pasión, el amor, la entrega… en ese momento era inexplicable, miles de sensaciones ocurrían dentro de mí, a veces sin poder entender que sucedía… pero se sentía bien, me sentía en una nube viajando al universo, y nada ni nadie podía hacerme bajar.